La hombría no está peleada con las muestras de cariño y afecto que un varón pueda tener con sus hijos.

La formación de un hijo representa un gran compromiso que, cuando ambos padres unen su mejor esfuerzo, se convierte en una maravillosa experiencia. Sentar las bases de su educación, promover los valores humanos con los que nos interesa que crezcan, rodearlos de un ambiente cálido y lleno de amor, es una labor que dará mejores frutos si involucras al cien por ciento a tu pareja.
Para la psicóloga clínica Cynthia César de la Cruz, del Laboratorio de Infantes de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la situación en México ha cambiado paulatinamente: “Aunque la educación de los hijos ha estado a cargo de la madre, hoy el padre comienza a involucrarse un poco más. Esta responsabilidad incluye conocer todos los aspectos físicos y emocionales del bebé, sea niño o niña. También es imprescindible distinguir datos generales como cuánto pesó al nacer, qué le gusta, qué le disgusta, cuál es la comida adecuada para su edad, etcétera”.
Es cierto que en nuestra cultura cuesta mucho trabajo encontrarse con este tipo de hombres, sin embargo, se ha observado que a mayor escolaridad y menor rango de edad (entre 28 y 35 años), existe más cercanía entre padres e hijos.
Un problema cultural
Al sexo masculino no sólo se le ha limitado el contacto con los hijos, sino también la expresión de las emociones, que se ha establecido como una “tarea” femenina. Para revertirlo —sugiere la especialista— es necesario que ellos se acerquen al vientre de la madre durante el embarazo, le hablen al futuro bebé y no oculten sus sentimientos. “Si nosotros negamos estar tristes o enojados, nuestros hijos aprenderán este mismo comportamiento, afectando su desarrollo”. Entonces, es necesario que compartamos nuestro estado de ánimo, las adversidades y los logros cotidianos.
Se trata de cambiar en lo individual para luego hacerlo hacia el exterior, porque es frecuente que en las guarderías o jardines de niños, las educadoras estén acostumbradas a hacer las peticiones sólo a las madres, desde llamarles por teléfono, hasta dirigir todas las preguntas a ellas, dejando de lado a los padres.
Las reglas en el hogar se deben establecer y hacer que se cumplan todo el tiempo sin importar los sexos, no puede ser mamá represiva y papá consentidor o al contrario. Se trata de llegar a un acuerdo entre adultos por medio de la comunicación.
Para un bebé es muy importante que se respeten sus horarios de comida, aseo y sueño, así que aunque un día determinado le toque bañarlo a él o a ella, y por algún motivo no pueda llegar a tiempo, cualquiera de los dos debe hacerlo. “No conviene romper sus rutinas porque podemos crearles inestabilidad. Basta una llamada telefónica para anunciar el retraso y compensarlo con otra actividad al día siguiente, por ejemplo, preparar el desayuno”, dice la especialista.
Padres de fines de semana
Éste es un problema de las grandes ciudades, donde el tiempo de lunes a viernes transcurre entre el tráfico, el trabajo, y las enormes distancias, así que sábados y domingos es común acudir a los centros comerciales. Dicho comportamiento —de acuerdo con Cynthia César— representa un problema porque se asocia al padre con premios, compras y recompensas, lo que hace que el niño relacione el afecto con los regalos.
Es importante pasar tiempo de calidad los fines de semana con la familia y fomentar actividades que eleven las habilidades psicomotrices e intelectuales de los pequeños. Se trata de actuar con ellos en diferentes escenarios.
Si como padres quieren dar más tiempo de calidad a sus hijos y tener un mayor acercamiento, no podemos olvidarnos del valor de la comunicación entre ustedes dos, esa virtud que debe atenderse todos los días y que va unida a la comprensión para ser flexibles unos con otros.
Tampoco hay que olvidar el contacto físico ni las muestras de cariño. El hecho de ser varones no es impedimento para decirle a un hijo o a una hija, “te amo”, “aunque me haya ido a trabajar, te extrañé todo el día”, o bien, para abrazarlo y besarlo. Así, cuando ellos crezcan también serán capaces de expresarlo.
Alfredo López Belman

La formación de un hijo representa un gran compromiso que, cuando ambos padres unen su mejor esfuerzo, se convierte en una maravillosa experiencia. Sentar las bases de su educación, promover los valores humanos con los que nos interesa que crezcan, rodearlos de un ambiente cálido y lleno de amor, es una labor que dará mejores frutos si involucras al cien por ciento a tu pareja.
Para la psicóloga clínica Cynthia César de la Cruz, del Laboratorio de Infantes de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la situación en México ha cambiado paulatinamente: “Aunque la educación de los hijos ha estado a cargo de la madre, hoy el padre comienza a involucrarse un poco más. Esta responsabilidad incluye conocer todos los aspectos físicos y emocionales del bebé, sea niño o niña. También es imprescindible distinguir datos generales como cuánto pesó al nacer, qué le gusta, qué le disgusta, cuál es la comida adecuada para su edad, etcétera”.
Es cierto que en nuestra cultura cuesta mucho trabajo encontrarse con este tipo de hombres, sin embargo, se ha observado que a mayor escolaridad y menor rango de edad (entre 28 y 35 años), existe más cercanía entre padres e hijos.
Un problema cultural
Al sexo masculino no sólo se le ha limitado el contacto con los hijos, sino también la expresión de las emociones, que se ha establecido como una “tarea” femenina. Para revertirlo —sugiere la especialista— es necesario que ellos se acerquen al vientre de la madre durante el embarazo, le hablen al futuro bebé y no oculten sus sentimientos. “Si nosotros negamos estar tristes o enojados, nuestros hijos aprenderán este mismo comportamiento, afectando su desarrollo”. Entonces, es necesario que compartamos nuestro estado de ánimo, las adversidades y los logros cotidianos.
Se trata de cambiar en lo individual para luego hacerlo hacia el exterior, porque es frecuente que en las guarderías o jardines de niños, las educadoras estén acostumbradas a hacer las peticiones sólo a las madres, desde llamarles por teléfono, hasta dirigir todas las preguntas a ellas, dejando de lado a los padres.
Las reglas en el hogar se deben establecer y hacer que se cumplan todo el tiempo sin importar los sexos, no puede ser mamá represiva y papá consentidor o al contrario. Se trata de llegar a un acuerdo entre adultos por medio de la comunicación.
Para un bebé es muy importante que se respeten sus horarios de comida, aseo y sueño, así que aunque un día determinado le toque bañarlo a él o a ella, y por algún motivo no pueda llegar a tiempo, cualquiera de los dos debe hacerlo. “No conviene romper sus rutinas porque podemos crearles inestabilidad. Basta una llamada telefónica para anunciar el retraso y compensarlo con otra actividad al día siguiente, por ejemplo, preparar el desayuno”, dice la especialista.
Padres de fines de semana
Éste es un problema de las grandes ciudades, donde el tiempo de lunes a viernes transcurre entre el tráfico, el trabajo, y las enormes distancias, así que sábados y domingos es común acudir a los centros comerciales. Dicho comportamiento —de acuerdo con Cynthia César— representa un problema porque se asocia al padre con premios, compras y recompensas, lo que hace que el niño relacione el afecto con los regalos.
Es importante pasar tiempo de calidad los fines de semana con la familia y fomentar actividades que eleven las habilidades psicomotrices e intelectuales de los pequeños. Se trata de actuar con ellos en diferentes escenarios.
Si como padres quieren dar más tiempo de calidad a sus hijos y tener un mayor acercamiento, no podemos olvidarnos del valor de la comunicación entre ustedes dos, esa virtud que debe atenderse todos los días y que va unida a la comprensión para ser flexibles unos con otros.
Tampoco hay que olvidar el contacto físico ni las muestras de cariño. El hecho de ser varones no es impedimento para decirle a un hijo o a una hija, “te amo”, “aunque me haya ido a trabajar, te extrañé todo el día”, o bien, para abrazarlo y besarlo. Así, cuando ellos crezcan también serán capaces de expresarlo.
Alfredo López Belman