jueves, 1 de septiembre de 2011

¿Dónde estás papá?

La hombría no está peleada con las muestras de cariño y afecto que un varón pueda tener con sus hijos.


La formación de un hijo representa un gran compromiso que, cuando ambos padres unen su mejor esfuerzo, se convierte en una maravillosa experiencia. Sentar las bases de su educación, promover los valores humanos con los que nos interesa que crezcan, rodearlos de un ambiente cálido y lleno de amor, es una labor que dará mejores frutos si involucras al cien por ciento a tu pareja.
Para la psicóloga clínica Cynthia César de la Cruz, del Laboratorio de Infantes de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la situación en México ha cambiado paulatinamente: “Aunque la educación de los hijos ha estado a cargo de la madre, hoy el padre comienza a involucrarse un poco más. Esta responsabilidad incluye conocer todos los aspectos físicos y emocionales del bebé, sea niño o niña. También es imprescindible distinguir datos generales como cuánto pesó al nacer, qué le gusta, qué le disgusta, cuál es la comida adecuada para su edad, etcétera”.
Es cierto que en nuestra cultura cuesta mucho trabajo encontrarse con este tipo de hombres, sin embargo, se ha observado que a mayor escolaridad y menor rango de edad (entre 28 y 35 años), existe más cercanía entre padres e hijos.
Un problema cultural
Al sexo masculino no sólo se le ha limitado el contacto con los hijos, sino también la expresión de las emociones, que se ha establecido como una “tarea” femenina. Para revertirlo —sugiere la especialista— es necesario que ellos se acerquen al vientre de la madre durante el embarazo, le hablen al futuro bebé y no oculten sus sentimientos. “Si nosotros negamos estar tristes o enojados, nuestros hijos aprenderán este mismo comportamiento, afectando su desarrollo”. Entonces, es necesario que compartamos nuestro estado de ánimo, las adversidades y los logros cotidianos.
Se trata de cambiar en lo individual para luego hacerlo hacia el exterior, porque es frecuente que en las guarderías o jardines de niños, las educadoras estén acostumbradas a hacer las peticiones sólo a las madres, desde llamarles por teléfono, hasta dirigir todas las preguntas a ellas, dejando de lado a los padres.
Las reglas en el hogar se deben establecer y hacer que se cumplan todo el tiempo sin importar los sexos, no puede ser mamá represiva y papá consentidor o al contrario. Se trata de llegar a un acuerdo entre adultos por medio de la comunicación.
Para un bebé es muy importante que se respeten sus horarios de comida, aseo y sueño, así que aunque un día determinado le toque bañarlo a él o a ella, y por algún motivo no pueda llegar a tiempo, cualquiera de los dos debe hacerlo. “No conviene romper sus rutinas porque podemos crearles inestabilidad. Basta una llamada telefónica para anunciar el retraso y compensarlo con otra actividad al día siguiente, por ejemplo, preparar el desayuno”, dice la especialista.
Padres de fines de semana
Éste es un problema de las grandes ciudades, donde el tiempo de lunes a viernes transcurre entre el tráfico, el trabajo, y las enormes distancias, así que sábados y domingos es común acudir a los centros comerciales. Dicho comportamiento —de acuerdo con Cynthia César— representa un problema porque se asocia al padre con premios, compras y recompensas, lo que hace que el niño relacione el afecto con los regalos.
Es importante pasar tiempo de calidad los fines de semana con la familia y fomentar actividades que eleven las habilidades psicomotrices e intelectuales de los pequeños. Se trata de actuar con ellos en diferentes escenarios.

Si como padres quieren dar más tiempo de calidad a sus hijos y tener un mayor acercamiento, no podemos olvidarnos del valor de la comunicación entre ustedes dos, esa virtud que debe atenderse todos los días y que va unida a la comprensión para ser flexibles unos con otros.
Tampoco hay que olvidar el contacto físico ni las muestras de cariño. El hecho de ser varones no es impedimento para decirle a un hijo o a una hija, “te amo”, “aunque me haya ido a trabajar, te extrañé todo el día”, o bien, para abrazarlo y besarlo. Así, cuando ellos crezcan también serán capaces de expresarlo.


Alfredo López Belman

Preguntas y respuestas sobre el desarrollo del lenguaje


Mi bebé empezó a hablar pero parece que se detuvo, ¿debo preocuparme?
Muchos papás y mamás comienzan a escuchar con agrado las primeras palabras de sus hijos, las cuales aparecen entre los 12 y 22 meses, sin embargo, el desarrollo no sucede igual en todos los bebés. Debemos olvidar las comparaciones con otros infantes de la misma edad y tener en cuenta que desde el periodo prenatal, aproximadamente a las 20 semanas de gestación, está expuesto a una gran cantidad de información y al nacer ésta aumenta. Por lo tanto el pequeño necesita aprender a seleccionar, dar significado y organizar el conocimiento que va adquiriendo día a día.
Hay que comprender que los bebés eligen qué es lo más importante en cada momento. Te darás cuenta que aún cuando tu bebé no dice muchas palabras, ya comprende secuencias de acciones, reconoce lugares y personas, desarrolla movimientos de mayor dificultad, asocia nombres a objetos similares a los que ya conoce aunque aún no los diga (lo cual puedes notar con sus gestos y movimientos corporales); es decir, va adquiriendo conceptos cada vez más complejos y que incluso en algunos casos parecería que el desarrollo del lenguaje se ha frenado. Sin embargo, tu bebé no sólo debe aprender nombres de objetos sino también acciones o movimientos, palabras que indican cantidad, y de qué manera la unión de estas palabras expresa ideas más completas que le permiten comunicarse. No te preocupes, poco a poco notarás que el lenguaje de tu bebé crecerá y se enriquecerá.
Si tu bebé usa pocas palabras para comunicarse, recuerda siempre darle información sobre los objetos que se encuentran en su entorno; si tu pequeño señala los objetos pero no los nombra, pídele que intente decir los nombres de éstos, cuando lo intente, celébralo con frases que lo alienten a seguir probando; al principio sus palabras pueden sonar diferente a las palabras que los adultos y niños mayores usan (por ejemplo puede decir ato para referirse a pato), debes ser paciente y trabajar en conjunto con él para estimular su lenguaje.
No obstante, hay situaciones en las cuales el infante deja de hablar totalmente, lo cual puede relacionarse a sucesos o cambios difíciles para su familia como un divorcio, la pérdida de algún familiar, el ingreso al colegio, maltrato, etc. En estos casos, es importante que consultes a un psicólogo con cédula profesional, especialista en desarrollo del lenguaje para conocer la causa y trabajar en conjunto para solucionarlo.
¿Reconoce mi bebé objetos que ha visto en otros sitios? ¿Es capaz de identificar a sus tíos, primos y abuelos?
En estudios realizados sobre el desarrollo de la memoria en bebés muy pequeños, se ha encontrado que a los nueve meses de edad los bebés pueden reproducir sucesos observados el día anterior, como el lugar donde se escondió un objeto o acciones novedosas. Se ha observado que hacia los 16 y 21 meses de edad los infantes pueden reproducir sucesos familiares y novedosos, incluso después de transcurridas entre dos y seis semanas.
¿Qué puedo hacer para ayudar a mi bebé en su aprendizaje, agilizando su memoria y de esta forma obtener más lenguaje?
Los tips que te ofrecemos son sencillos y no requieren más que tu empeño, paciencia, interés y constancia para con tu bebé:
 En sus rutinas de juego repítele los nombres de los juguetes que no llama por su nombre porque no se los sabe, o bien porque le es difícil pronunciarlos, procura que en tus repeticiones vea cómo mueves la boca, ésa es una buena técnica para comenzar.
 Si la palabra que pronuncia se acerca a la correcta felicítalo y trata que la vuelva a repetir, corrigiéndole poco a poco su pronunciación; evita frases como ¡No, así no, escucha!, porque entonces lo que lograrás será ponerlo tenso, ansioso y no que aprenda algo.
 Haz tarjetas con propaganda o revistas que tengas en casa, recorta una imagen y pégala en el cartoncito, o bien compra tarjetitas de objetos, personas, lugares, comida, transportes, correspondientes a imágenes reales y siéntate con tu bebé, muéstrale las tarjetas pronunciándole el nombre correcto de estos y déjaselos a su alcance, para que en su curiosidad las tome y comience a conocer cómo se llama ese nuevo objeto.
Cuando vayas por la calle con tu hijo muéstrale los objetos, repitiéndole el nombre de estos y pregúntale cómo se llaman, verás que pronto comenzará a ampliar su vocabulario.
Quiero que mi bebé aprenda un segundo idioma ¿Cuál es la edad ideal para ello?
La mayoría de los padres deseamos que nuestros hijos estén preparados para el futuro, que sepan y aprendan todo lo que puede serles útil, de tal forma que los dotamos de las herramientas necesarias y estimulamos desde temprana edad para que logren ser exitosos; es por ello que enseñarles una segunda lengua nos es de sumo interés.
Aprender un idioma extranjero como segunda lengua mejora la comprensión del idioma materno del niño, ya que éste logra estructurarlo en el lapso de uno a tres años, mediante procesos de reconocimiento del lenguaje de su entorno, escuchando y comprendiendo más que hablando, (a menos que existan dificultades lingüísticas o auditivas, las investigaciones muestran que aprender un idioma extranjero a una edad temprana no interfiere con el aprendizaje del idioma materno). A los tres años logra estructurar su lengua materna y está capacitado para aprender otra; ahora bien, aunque el cerebro mantiene su capacidad de aprender durante toda la vida, el aprendizaje de un segundo idioma se absorbe con mayor facilidad durante los primeros 10 años de ésta, aproximadamente de los 3 a los 7 años de edad; esto no significa que rebasada la edad será imposible aprender, nos costará un poco más de trabajo pero se puede lograr.
La persona que aprende dos idiomas al mismo tiempo tarda más en comenzar a hablar; dicha tardanza es de alrededor de unos tres meses en relación a la persona expuesta a un solo idioma. En verdad, éste es un periodo de tiempo que no tiene comparación con los beneficios intelectuales que representa el tener conocimiento de más de una lengua, ya que los niños bilingües presentan un desarrollo cognitivo más avanzado en comparación con los niños de su edad que no son bilingües.
Otra cuestión que se debate en relación a los beneficios y/o perjuicios de la enseñanza temprana de un segundo idioma, es el desempeño respecto de su lengua materna, el cual está relacionado con el modo en que los niños han adquirido ésta, es decir, a veces los chicos no pueden aprender, por ejemplo, inglés gramaticalmente, porque en realidad no conocen su propio idioma. Si el niño no tiene las habilidades verbales en su lengua materna, difícilmente puede acceder al concepto en otro idioma.
Recomendamos que si alguno de los dos progenitores domina o tiene como lengua materna un idioma extranjero, lo más conveniente será que desde temprana edad se le hable en ambos idiomas al infante, es decir, que uno de los padres se dirija al bebé con el lenguaje materno (el más usado en el ambiente en el cual se desarrolla) y el otro con el idioma extranjero; si ninguno de los dos padres habla otro idioma pero desean que su hijo lo aprenda, pueden consultar las escuelas que lo impartan, de tal forma que en casa se le hable el idioma materno y en la escuela el extranjero.